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El mensaje fue compartido por el Diácono Carlos Cruz durante nuestro servicio del domingo 30 de agosto de 2026.
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Cristo el Centro de la Iglesia
¿Qué ocupa realmente el centro de nuestra vida y de nuestra Iglesia?
Esta pregunta nos lleva directamente al corazón del mensaje compartido por el Diácono Carlos Cruz durante nuestro servicio del domingo 30 de agosto de 2026: “Cristo el Centro de la Iglesia”. La presentación comienza precisamente definiendo el centro como el punto medio o el lugar principal donde se desarrolla una actividad. Desde esa perspectiva, el mensaje nos confronta con una verdad fundamental: Jesucristo no puede ocupar un lugar secundario en Su Iglesia; Él debe ser el centro.
Cuando Cristo ocupa el centro, nuestra manera de pensar, servir, enseñar, decidir y relacionarnos con Dios comienza a ordenarse alrededor de Él.
Cristo es nuestra fuente
Uno de los fundamentos presentados en el mensaje se encuentra en Juan 3:34, donde se destaca que cuando el Hijo habla, habla de parte de Dios y que Dios le ha dado plenamente de Su Espíritu. A esto se suma Hechos 1:8, recordándonos que el poder para cumplir la misión de la Iglesia viene del Espíritu Santo.
La Iglesia, por tanto, no fue diseñada para depender exclusivamente del talento humano, de estrategias, recursos o conocimiento. Necesitamos la presencia y el poder de Dios.
Podemos tener planes, programas y buenas intenciones, pero si Cristo deja de ser nuestro centro, podemos terminar haciendo muchas cosas sin avanzar en aquello que Dios realmente desea.
Nuestra confianza debe permanecer en Dios
La presentación también nos dirige hacia una enseñanza indispensable para todo creyente:
“Pon toda tu confianza en Dios y no en lo mucho que sabes.” — Proverbios 3:5, TLA
El conocimiento tiene su lugar, pero nunca puede reemplazar nuestra dependencia de Dios.
Jesús mismo declaró en Juan 7:16 que Su enseñanza procedía de Aquel que lo había enviado. El modelo de Cristo nos enseña que nuestra prioridad no debe ser promover nuestras propias ideas, sino conocer y comunicar aquello que procede del Padre.
Esto nos lleva a una pregunta personal: ¿Estoy dependiendo de Dios o solamente de lo que sé hacer?
Si Dios no edifica, trabajamos en vano
Uno de los textos más contundentes incluidos en el mensaje es Salmo 127:1:
“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.”
Esta declaración nos recuerda que podemos trabajar intensamente y, aun así, perder de vista quién verdaderamente edifica Su Iglesia.
Cristo no debe ser simplemente una parte de nuestros planes. Nuestros planes deben nacer de nuestra relación con Él.
Esto aplica a la Iglesia colectivamente, pero también a nuestra vida personal, familia, ministerio y decisiones. Antes de preguntarnos cuánto podemos lograr, necesitamos preguntarnos: ¿Está Dios edificando esto conmigo?
El peligro de desplazar a Cristo del centro
El mensaje también recorre Génesis 3:3-6, mostrando el momento en que la voz de Dios es cuestionada y el ser humano decide actuar siguiendo otra voz y sus propios deseos.
Este principio continúa siendo relevante: siempre habrá voces intentando competir por el centro de nuestra atención.
Nuestros deseos, opiniones, capacidades, cultura e incluso nuestras experiencias pueden comenzar a ocupar un lugar que solamente corresponde a Cristo.
Por eso, mantener a Jesús en el centro requiere una decisión continua de escuchar Su voz, confiar en Su Palabra y someternos a Su dirección.
Una Iglesia que escucha cuando Cristo llama
La presentación dedica una parte importante a Apocalipsis 3:15-22 y al llamado de Cristo a la iglesia. Allí encontramos una advertencia contra la tibieza y la autosuficiencia, pero también una invitación llena de gracia: Cristo llama a la puerta y ofrece comunión a quien escucha Su voz y abre.
Es posible pensar que no necesitamos nada y, sin embargo, haber perdido sensibilidad hacia nuestra verdadera condición espiritual.
Por eso, el llamado de Jesús continúa vigente: escuchar, arrepentirnos y abrirle la puerta.
Una Iglesia con Cristo en el centro no es simplemente una congregación que menciona Su nombre. Es una Iglesia que escucha Su voz, recibe Su corrección y responde a Su dirección.
Volvamos siempre al centro
El mensaje “Cristo el Centro de la Iglesia” nos invita finalmente a evaluar nuestras prioridades.
¿Está Cristo en el centro de mis decisiones?
¿Está Su Palabra determinando mi manera de vivir?
¿Estoy dependiendo del Espíritu Santo?
¿Estoy escuchando Su voz?
¿Estamos permitiendo que sea Dios quien edifique?
Nuestro deseo como familia de fe es continuar siendo una Iglesia donde Jesucristo sea exaltado, Su Palabra anunciada y Su Espíritu tenga libertad para transformar vidas.
No importa cuánto avancemos ni cuánto crezcamos: nunca debemos alejarnos de nuestro verdadero centro.
Cristo es el centro de la Iglesia.
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